Pueblos Indígenas
Noche de Jazz en San José.
Su silueta en la penumbrea se mueve entre las notas y los recuerdos de un abuelo que amenizan las letras. Entre fado y jazz el viaje comienza lleno de recuerdos. El virtuosismo de la pianista nelaza con los acordes del bajo cuyas notas llaman al bateria para abrir un nuevo espacio.
No busques los ajeno en los demàs, sus dedos atrapan la luz de los focos. Sus movimientos al son de la mùsica, el fin de una gira por centroamerica tierras de encunetro entre recuerdos y puertas que se abren. Mientras a mi lado duerme el niño en los brazos de una madre que escapa de la rutina, en su bolso el celular suena entre luces. Mientras la cantante nos habla de la flor azul, flor de cristal que atrapa los emjores momentos de la vida. Y entre aplausos la noche se cierra y se abren los sueños del recuerdo. Las flores se encienden y los cuatro músicos entre aplausos se abrazan, para partir y retornar a sus casas con el recuerdo de aquella gira que hoy recuerdan en la cafetería del barrio en la mesa del fondo aquel oasis de los viernes, encuentro de amigos.
El lunes 18 de mayo me invité un café para pensar en la no muerte de Mario Benedetti. Deseaba entregarme en pensamiento al recuerdo del poeta que comprometió su palabra con la vida. Mi idea era estar solo (más allá de las sensibilidades mediáticas), quería alejarme del mundo prefabricado y de las obligaciones que me hacen estar atado a sus circunstancias; así fuese por un día, o una mañana. Tal vez hasta me hubiese conformado con una minuto de serena existencia.
Mi utopía llegó a tanto que me ilusioné con la posibilidad de que, cuando me levantara de la mesa, la realidad estuviera más cercana a la poesía. Deseaba reconocer la utilidad de la palabra en la calle, en las formas, en los fondos; en la convivencia del segundo a segundo. Y permanecí mucho tiempo contemplando el café, temeroso de que toda la belleza sólo fuese posible en la poesía de seres como Benedetti.
El poeta sabía que la belleza jamás podría influir en las decisiones políticas, pero, como buen utopista, decía que los poetas “sí llegan al ciudadano de a pie, y a veces sirven para esclarecer una duda, para dar una tímida respuesta a una pregunta que tiene alguien”. Y todo era parte de su “Táctica y estrategia”, de su eterno compromiso con el ser humano (y la puesta en práctica de la vida en beneficio de la vida).
La vida (en sociedad) era muy dura en los tiempos cuando Benedetti padeció los rigores de la dictadura; sin embargo, lo siguió siendo después, mucho después, cuando la democracia mejoró la forma pero no el fondo; y también ahora: en este instante que se presume como el más moderno de todos los instantes. En nombre de Benedetti he querido pasar toda una mañana en un café, alejado de una realidad que cada día se parece menos a la poesía. Sabía que me estaba engañando. ¿Quién dijo que el mundo era lugar para poetas? O como una vez dijo Bolaño “la vida (a veces) es una mierda”. La realidad social es la realidad social y Benedetti es Benedetti (y la poesía).
El capitalismo nos ha hecho cínicos, duros, mezquinos. He ahí el difícil obstáculo que hace peso sobre nuestra existencia. ¿Cómo no terminar siendo piedras en momentos de dureza? He ahí la urgencia de la poesía de Mario Benedetti. No se trata de sutilezas discursivas ni mucho menos de paseos ocasionales del alma. No, mil veces no. La poesía (y Benedetti), más que un adorno, es un estorbo a la consumación de la dureza. Y por ello, desde siempre, nos la quieren robar.
No es cuento: cada vez somos menos humanos. Y Benedetti, con su palabra armada (en eterno presente), convoca a la resistencia del espíritu. Lo difícil no es protestar el fascismo político, lo complejo es oponerse al fascismo ciudadano. Pero hay que hacerlo. La palabra de Benedetti nos ubica ante un dilema milenario: ser bestias o asumirnos humanos. Y si decidimos abrir la segunda puerta: hay que comprometerse a cambiar la vida diaria, con sus formas y fondos; en el tránsito cotidiano, en los recorridos imperceptibles, en el respeto (y comprensión) al otro.
Lo reitero: hoy he decidido permanecer contemplando (en la memoria) la poesía de Mario Benedetti.
RECUERDOS
L |
as calles guardan el recuerdo de los momentos vividos en aquella ciudad y se mezclan con el pasar del tiempo. Los días de verano abrían las puertas a nuevos encuentros y siempre serían sus calles que abocaban en un puerto el espacio para el encuentro.
San Sebastián ciudad del cantábrico que abraza con sus gentes a los caminantes que por ella transitan. En la distancia ciudad de encuentro en el recuerdo de aquellos que algún día recorrieron sus calles, paisaje inédito y hoy lugar de encuentros, bella puerta de entrada de la ciudad y abrazo al tiempo que recuerda los momentos vividos.
Ahora mientras uno guarda los recuerdos en el baúl de la vida, no puede por menos recapitular los momentos vividos con la certeza de que la última imagen se concentra en su ciudad natal.
Antes de que la luz de la vida se acabe desde algún rincón del mundo, los últimos instantes llegan a mí, los recuerdos del olor a brisa cuando caminaba por sus calles que me llevan al mar. Tus brazos acogían las olas y mi caminar se perdía en tu paseo bajo el monte Urgul, cima en medio de la ciudad con la vista clavada en el Cantábrico, a la espera de ver las pequeñas embarcaciones que regresan al atardecer a tus brazos para descansar y buscar refugio.
Los viajes fueron siempre parte de la vida, mi primer viaje en tren a Barcelona. Su paseo marítimo en el que mi mirada se perdía en la búsqueda imaginaria y el recuerdo de las olas de San Sebastián. El recuerdo y el final del caminar siempre llevan a recordar las vivencias y las gentes que uno se cruzó en aquellas calles.
SUSPIROS DEL VALLE
Desde mi llegada al país pude ver que existían diversas realidades en aquel cálido y acogedor lugar, esto hacía que la gente mantuviera un movimiento diferente. Acostumbrado al ir y venir de mi ciudad natal, costera también, pero en la que las gentes a primera hora son abrazadas por el frío invernal y caminan en las frías mañanas de invierno. Deje atrás mi tierra, sin saber por cuanto tiempo, pero con la idea del tango de Gardel en el que las luces que me despidieron volverán algún día a darme la bienvenida.
Ahora en mi primera noche de un hotel en la gran ciudad, donde los sonidos se convierten en nuevos acompañantes de la noche. De esas noches en las que antes de cerrar los ojos siempre recordamos a nuestros seres queridos, o los lugares en los que algún día estuvimos. Las pequeñas anécdotas se acumulan entre las líneas del libro que me acompaña en los viajes como ese fiel guardián de nuestros sueños.
Mañana a primera hora, comienza mi viaje a Costa Abajo de Colón, no lo conozco pero si he podido documentarme por Internet y diferentes guías de viajes. Antes de llegar a mi destino, trato de imaginarme como será la gente de los lugares que visitaré, como me acogerán que me dirán.
La salida de la capital fue a primera hora de la mañana, sobre las 5 am, como dicen aquí para evitar los tranques. Palabras que uno poco a poco adopta en su diccionario y se convierten en palabras incomprendidas en otras latitudes, pero es el recuerdo el que nos las trae de nuevo allí donde estemos.
Después de adentrarnos en la provincia de Colón, tras dejar atrás el Río Chagres frontera natural de la provincia de Colón. El verde se convierte en una verde alfombra que poco a poco nos abre el paso hacía la ciudad de Colón. Pero antes, uno siempre recuerda a la gente esperando el bus, las colas, los niños/as con sus uniformes blancos y azules dejando atrás los sueños de la noche anterior caminando por empedradas calles en las que los días de lluvia hacen que sus pies lleguen mojados a la clase.
El desorden es patente, las calles mal pavimentadas, los carros se “tiran” y convierten la conducción en un movimiento rítmico de carros que se abalanzan sin saber muy bien por donde transitan. Poco a poco las lomas se pronunciaban cada vez más y las bajadas interminables en el serpenteo de la carretera se aproximaban hacía aquella urbe, una vez conocida como Isla manzanillo. Esta vez, nos dirigíamos hacía Costa Abajo, una zona particular por su ubicación y por la composición étnica de la misma. Por su ubicación, porque para llegar es necesario cruzar las esclusas de Gatún. La espera para cruzar esa arteria del continente se hizo larga pero a su vez interesante, las gentes esperan mientras saborean un pan de guineo con su chicha de naranja.
La espera terminó y cruzamos la línea de agua más importante del continente, con la naturalidad de quien al caminar desconoce que quizás en ese preciso instante nuestros pasos tienen el privilegio de caminar por una vía interoceánica que tanto ha supuesto para un país y para el mundo. Nunca me lleve bien con las fronteras, pero con esta frontera de unión es algo diferente, es la línea que une a aquellos que por una u otra razón han transitado por ella.
A medida que el canal quedaba a nuestras espaldas, daba la impresión de que retrocedíamos en el tiempo, los caminos llenos de huecos, me llevaban a otra realidad diferente. El color verde era intenso, los sonidos de aquel lugar, el colorido, las aves. Fue la primera vez que vi un Tucán, ave de color negro con un largo pico, multicolor con un vuelo lento y al que uno se aferra con la mirada como para detener el tiempo y seguir observando.
Después de media hora, llegamos al primer lugar poblado llamado Achiote, un pequeño valle oculto, con pequeñas casas junto a la carretera y con animales pastando en las quebradas. Allí es donde residiría los próximos meses, la gente me acogió con hospitalidad, esa que no se da en las ciudades.
Aquí la gente se detiene con uno, comenta sobre el aguacero del día anterior, algún juego o simplemente observa las aves y escucha su cantar saboreando un humeante café que alivia el último viaje.
Ahora mientras recuerdo estas anécdotas de mí llegada a Panamá y mis primeros días en Costa abajo de Colón desde esta plaza, en la que los ruidos de los carros, las gentes y el frío contrastan con mis recuerdos.
Recuerdo al señor Manuel, nuestros primeros días en su casa con aquel patio trasero en el que las aves solían cobijarse de los aguaceros y acudían a beber de la pequeña fuente. Los largos atardeceres del verano y las tazas de café chiquitas pero cuyo sabor todavía recuerdo en mi paladar. A nuestra llegada, utilizó un molinillo que él mismo invento, empleaba la rueda de una bici con una polea que hacía girar un molinillo.
Siempre trataba de llenar algunas bolsitas de plástico para vender en el mercado, pero en ocasiones se encontraba con limitaciones, por las bolsas, la falta de etiquetas o simplemente el transporte. Una tarde tomando café mientras comentábamos el último incidente en el pueblo, o hablábamos sobre el canto de algún ave a las que poco a poco terminé conociendo por su cantar… nos dimos cuenta de lo importante que sería poder comercializar aquel café y hacer llegar a la gente de la ciudad capital y a otras zonas del mundo aquellas bolsitas de café.
Al terminar la pequeña taza de café, la borra del fondo de la taza cobro la forma de Panamá. Recuerdo haber leído la novela de Benedetti en la que su protagonista Claudio reconstruye los recuerdos de su vida y la manera de afrontarlos. Fue en aquel preciso instante en el cual, Manuel me contó las anécdotas de cómo llegaron las primeras plantaciones de Café a
A principios de siglo algunos desplazados de la zona central del país plantaron las primera vez las primeras matas, siempre imagine los primeros pobladores del lugar, su llegada, la forma de abrir caminos, limpiar las lomas para plantar la yuca. Mientras Manuel me contaba las historias de su abuelo el navegante y su llegada a aquellas tierras de la zona este del país en busca de tierras para establecerse con su abuela La chica.
Desde chico comenzó a recoger café, primero los granos maduros que caían al suelo y corrían el riesgo de terminar enterrados en el próximo aguacero, más adelante seleccionando los granos, uno a uno, los rojos como el llamaba a los granos que primero dejaba secar a un lado en el secadero de la casa. Los días de juventud para Manuel pasaban entorno al café, el tiempo transcurría junto a las plantas verdes y las fechas sucedían en aquel calendario cuyas hojas se marcaban al color de los granos.
Un día me contó la historia de aquel barco lleno de oro que desapareció en
Desde hace años corre el rumor de las luces en el horizonte de la noche de San Juan, en ocasiones se han dado casos de desapariciones en la zona. Nadie se atreve a decirlo en voz alta, pero Manuel me contó la historia de la gente desaparecida, la voz de las sirenas llaman a los habitantes que por uno u otro motivo se burlo en la noche de aquellos hombres sin voz, ni rostro que algún día desaparecieron con su tesoro. Aquellos que osaron a navegar tras las historias y en búsqueda de algún mapa, la noche de San Juan se ven atraídos por la fatídica voz de las sirenas al principio, luego por las carcajadas de los piradas y al final se dejan llevar a la orilla del mar para adentrarse en él sin regreso, pasan a formar parte de la historia de los piratas y la siguiente noche de San Juan verán bailar a la gente en las orillas de Palmas Bellas, en la boca del río, junto a las cantinas que esa noche están abiertas hasta el amanecer en homenaje a los piratas de Palmas Bellas.
La historia en sí, contada junto a la luz de la fogata me llevo a pensar sobre la posibilidad de recorrer la ruta marítima de
Para ello traté de convencer a los comerciantes chinos de la zona para que me llevaran al lugar, ya que ellos transitan por la zona para llevar los productos a las pequeñas tiendas repartidas por el territorio. Dada su negativa, en parte por el miedo a seguir los pasos de los piratas y por lo difícil de navegar por aquellas aguas cuando la travesía parecía que quedaría en un intento todo cambio.
El lunes a media tarde en la pequeña plaza situada junto al municipio, me encontré con Ismael, un joven aventurero de la zona del que me habían hablado en alguna ocasión pero nunca había localizado. Al comentarle mi idea de aquel viaje por la zona de Costa Abajo, al principio no se mostró muy convencido de la idea, pero al ver que sólo le ocuparían unos días y la posibilidad de disfrutar de aquellas costas me comento sobre la posibilidad de realizar una travesía con algunos amigos más. Era necesario contar con el apoyo para cuestiones logísticas con el motor y sobre todo por la dificultad a la hora de entrar en las pequeñas bahías salvajes para repostar.
Ante este nuevo ímpetu, decidimos partir la semana entrante para aprovechar las condiciones del mar y así ganar tiempo a las tormentas que ya estaban anunciadas.
Nuestra partida fue según lo esperado el siguiente lunes con la luna llena, así podríamos incluso navegar de noche y burlar la oscuridad. Nunca olvidaré el golpear de las olas sobre la embarcación, el ruido que asemeja a una voz interior que te llama. Generalmente navegábamos de dos a tres horas por día, ya que pretendíamos hacer la ruta de ida y regreso en una semana, así podríamos escuchar más historias de la gente y ver los lugares marcados por los piratas.
En ocasiones aparecían pintadas cruces en las piedras de las playas, en las que se podían leer nombres que algunos atribuían al capitán del barco pirata. Nuestros días trascurrieron entre olas, mariscos y los habitantes de aquella solitaria costa. La gente nos invitaba a un agua de coco y platicábamos sobre las historias de mar, aquella gente siempre mira al mar como pidiendo la protección sabiendo que su futuro esta condicionado por la gran mancha de agua azul que les rodea.
Pudimos llegar a Belén, la entrada del río era bien complicada y por poco nos costo un buen chapuzón o lo que hubiera sido pero un vuelco de la barca. En esa situación, la embarcación nos dio otro susto los problemas mecánicos hicieron que a pesar de haber llegado al lugar dependeríamos de una bujía para poder salir de allí. En parte cegados por el paisaje o las historias ocultas en aquel lugar fuimos a la cantina donde estaban los mineros. Entre tragos y música intercambiamos las historias del lugar, las visiones de algunos y en parte porque no las invenciones de otros. Pero lo que quedaba evidente es que aquella gente tenía la certeza de la existencia de los piratas de aquel barco.
Según parece la zona de Belén en Costa Abajo de Colón fue en un pasado un territorio de tránsito de barcos cargados de oro, sobre todos los que partían de la zona de Coclecito. Una noche de tormenta el capitán de un buque español, sin atender a las recomendaciones de los lugareños, partió con una importante carga de oro, pero lo más tétrico de la historia es que nunca llego a su destino.
Las viejas voces del lugar cuentan que en la desembocadura del río de Belén, yace el cargamento de oro, pero lo extraño es que sabiendo el lugar donde se hundió nadie lo haya encontrado todavía. La abuela le comento un secreto a Ismael, parece ser que la desembocadura del río varió con el tiempo con las fuertes corrientes y la cantidad de tempestades por lo que el tesorero yace en un lugar que no es el mar sino la tierra firme del lugar.
Después de varios días en la zona el regreso llamaba a nuestra puerta, las gentes corrieron con nosotros mientras alcanzábamos la pequeña embarcación pesquera, como si se tratará de la marcha de unos marineros hacia la nada. Regresamos por el mismo camino, serpenteando la línea de rocas y corrientes, no pudimos ver a los piratas pero si pudimos vivir unos días con aquellas gentes que a día de hoy continúan en Costa Debajo de Colón. Ruta de mercadeo, marinos en tierra y esperanzas que todavía fijan su mirada en el mar a la espera un nuevo día.
Ahora mientras tomo mi taza de café, recuerdo aquellos días en Panamá. La pequeña taza fija sobre la mesa, solitaria de la que brota ese humo con aroma a café, me hace recordar, con la mirada fija en la ventana de este pequeño café, puerto de un marinero lleno de recuerdos que mira por la ventana para reencontrarse con Manuel, sabiendo que ahora también estará tomando un café entre las lomas de Achiote con la mirada perdida en los recuerdos, en busca de una esperanza con la mirada clavada en el cielo de aquel verano caluroso, amigo.
Costa Abajo de Colón
Panamá
[1] El juego o ritual congo es un canto a la libertad y coraje. Nace con los negros esclavos en las plantaciones como una expresión de rebeldía y burla, disfrazada de divertimento, y es preservada por los negros cimarrones" o escapados.
Tarde de domingo en Veracruz
El caminar por la orilla de la playa junto a tus pasos
recordaré aquel momento como un adiós sin adiós
Un hasta luego, sin saber si existirá.
El caminar entre las arenas llenas de recuerdos
nombres de piedra y pasos de caminantes
recordaré que te mire sin que supieras
Ni sabrás que el rojo del cielo será
por siempre un nuevo color de recuerdo
El barco que partió aquel día no volverá
pero su estela serena será entre los mares
el deseo del amanecer en las costas del mar caribe.
Sobre la cubierta una mesa con carne, queso y vino
la botella de vino tinto bajo la luz de la vela
sangre de piratas.
Tu mirada clavada en el horizonte
recordando el color rojo de aquella tarde en Veracruz
la recordaré mientras viva, por ser tu
sin poder olvidar que la marea borrara los nombres
sobre la arena al anochecer, pero todos los atardeceres
de Veracruz guardaran ese momento mágico rojizo
el que tus ojos fijos en el horizonte imaginan aquella
noche en el barco, sobre la nueva ruta del caribe.
Recordando el momento, los recuerdos y los sueños.
pasarán los años pero aquel domingo en Veracruz
será el silencio de los atardeceres del caribe.
Panamá 22 de marzo 2009
Vratné Lahve
Botellas retornables
Jan Serák
(República Checa)
Aquella tarde de domingo en el cine Variedades, pequeña ciudad en la que las calles parecían pequeños pasadizos llenos de gente. Tarde de domingo el silencio comenzaba a ganar la partida al caminar, en el Variedades, me perdí para ver aquella película que anunciaba
El viejo maestro jubilado, dejo su caminar en las aulas para adentrarse a revivir lo vivido en su nueva etapa, inicio de algo nuevo. Fin a una etapa pero inicio de otra llena de nuevas experiencias.
Las aulas habían sido su espacio natural, en aquel parque saludaba desde la atalaya del banco a sus correligionarios que no entendían porque no se mostraba anuente a rendirse al pasar del tiempo.
El periódico le permitió encontrar nuevos espacios donde poder vivir y sentir en el día a día, la necesidad de mirar a la gente a los ojos y compartir los retos de los nuevos días, fríos, llenos de ternura de sueños y porque no de sueños rotos.
Como las botellas de cristal que ya no recogerá tras la ventanilla del supermercado, la nueva máquina rompió su día a día para volar sobre aquel globo naranja en el que volvió a revivir el abrazo de su juventud, el sabor de un beso en la altura del globo su ciudad natal en la que vivió sus días……
San José. Costa Rica.( 15 de marzo 2009).
A ti Antigua…
Mis recuerdos se sumergen en tus calles empedradas,
tus calles llenas de recuerdos me atraparon
para volver, recordar y suspirar.
Las ventanas fiel reflejo de un pasado de dolor
encierran historias prohíbas, lamentos, lágrimas, despedidas
La mirada de la mujer amada que nunca pudo pasear
por tus calles empedradas.
Las flores recorren los balcones andaluces
esa tierra lejana pero tan cercana en los acordes de la guitarra, en el cabalgar de los caballos por tus calles
como aquella tarde de verano sevillana.
A ti Antigua por tu significado, por tus misterios,
por los sueños atrapados en tus muros.
A ti Antigua por tu olor a flores de jazmín,
tu mirada me persigue, clara, brillante, verde,
El volcán dormido, espera tu llamada,
Guardián de las noches y los recuerdos
Testigo mudo de tus días y tus noches.
Para ti mi recuerdo y la esperanza,
los sueños y los encuentros.
En ti encontré el rincón de anhelo y esperanza,
el recuerdo de lo vivido y los instantes por vivir.
A ti Antigua, esta mirada con cariño y presencia
en el recuerdo de mi caminar.
Y.M
15 de Febrero de 2008
Ciudad de Panamá
El atardecer en la ciudad con la caída de la luz y el resplandor de las luces de los anuncios. El apagado ruido de los motores de los carros que invitan a sus dueños a parquear para escuchar de fondo el sonido de las canciones de Juan Luis Guerra. Ese corazón que palpita al ritmo de la música, mientras los peatones caminan por las irregulares aceras, pequeñas islas en días de aguacero.
Las casetas cerradas a la espera de un nuevo día, lugar de encuentro de los vecinos del barrio en el primer café. Pequeño manantial del té matinal de paso al trabajo, cada instante queda a merced de los atardeceres donde cada ventana cobre su resplandor con la llegada de sus moradores. Poco a poco, el barrio cobra un nuevo color en la noche, cada ventana iluminadana o en la oscuridad encierra una historia. A su vez, la suma de estas historias crea un nuevo hábitat de quehaceres que se convierte en un mundo que cada día abre las puertas a nuevas historias, unas de amor, otras de adioses, sueños incumplidos y miradas perdidas y cuando la propia monotonía se convierte en nuevo espacio por explorar. Serán estos nuevos espacios los que alimenten las historias de este breve caminar por la ciudad con su movimiento dulce, cálido y a la vez nos sumerge en una nueva realidad calidescopica. Los colores en la ciudad del mar y los puentes en la que cada viajero deja una huella sobre el puente del mundo. Huella que perdura en el tiempo, en la memoria de cada viajero como hoja perenne.
Quizás sea tarde pero los regresos se convierten en el pequeño puerto que se avista en la isla. Nuestra llegada después de la travesía de varios días, meses, o quizás años...ocurre una tarde de verano. Cansados, con los ojos entreabiertos, sin enseres, sin comida y fatigados... pero al final lo caminado nos parece más breve de lo que fue. Se olvidan las tormentas y nuestros ojos se fijan en un punto esa es nuestra llegada el momento de pararnos y regresar de nuevo a ese retorno sin final en el que los pasos los marcamos nosotros, cada día.... ese puede ser el motivo de este regreso después de un período de silencio, sin silencio......o de un silencio sin letras que ahora regresan de nuevo al mar de las letras......
Recuerdo mi primera visita al Valle, llevaba pocos días en aquel país
mis primeros viajes por tierras desconocidas que progresivamente se convirtieron en
un punto de partida. Al principio, sin saberlo lo que se convirtio en un viaje por lo
desconocido acabo siendo morada. Hoy regresando al pequeño Valle he comprendido que
quizás las cosas que en un momento parecieron puntuales y de paso, se convierten en algo que forma parte de uno. Sin saberlo, poco a poco, los lugares ya no son distantes o de paso y se van convirtiendo en rutas conocidas. Todavía sin saber si esa ruta finalizará aqui o quizás seguirá por otros lugares aun no conocidos pero que quizás como este pequeño Valle seguirán siendo la ruta de paso que un día se convierten en puerto.
Las cosas han cambiado la gente sigue siendo la misma, caras conocidas, nuevos edificios pero siempre queda el recuerdo de la primera visita como la tarjeta de visita de este pequeño pero entrañable Valle.
Las pequeñas ruedas que me acompañan
en mis idas y venidas. sus asas gastadas
por los tirones y las marcas como arrugas
de los viajes durante años.
Pequeña casa que se hace y deshace en
cada viaje, hoy nos despedimos.
Mi viaje continua, nuevas " pequeñas casas"
me acompañarán. Tus parches son cicatrices de tiempo,
no te miras al espejo y no recuerdas el lugar concreto de cada
una de ellas.
Pero como todo camino deja sus huellas,
mi maleta aunque vieja y raida
resume parte del camino recorrido,
sin saber todavía cuantas me acompañarán
en los caminos por recorrer.....
De tu mirada al cielo
en tus brazos mi esperanza.
La luna llena me recuerda tu
sonrisa de mañana.
Llevame hacia ti en cada instante
hacia la nada...
En tus brazos mis recuerdos
las lágrimas de aquella noche
como la lluvia en la ventana
pequeñas gotas que recorren tus ojos
perdidos en el infinito.
La luna llena del mes de julio
espejo de las estrellas
faros de media noche
que me llevan a tu destino
Tu sonrisa de cada día
mi ventana al mediodía
mañanas de espera para ver tu caminar.
Llevame hacia ti al lugar
de tu mirada en la que cada
día recuerdo tu mirada...
Marinero sin puerto ni destino
buque insignia de
los piratas del mar
que siguen tu estela...
De tu mirada al cielo
en tus brazos mi esperanza.
La luna llena me recuerda tu
sonrisa de mañana.
Llevame hacia ti en cada instante
hacia la nada...
En tus brazos mis recuerdos
las lágrimas de aquella noche
como la lluvia en la ventana
pequeñas gotas que recorren tus ojos
perdidos en el infinito.
La luna llena del mes de julio
espejo de las estrellas
faros de media noche
que me llevan a tu destino
Tu sonrisa de cada día
mi ventana al mediodía
mañanas de espera para ver tu caminar.
Llevame hacia ti al lugar
de tu mirada en la que cada
día recuerdo tu mirada...
Marinero sin puerto ni destino
buque insignia de
los piratas del mar
que siguen tu estela...
El exilio no sólo es el ausente; también quienes lo extrañan y quienes lo rodean. En una realidad fragmentada por el ádios.
Bernard Sahaw, de barba roja y de ideas filosas, vegetariano, feminista, sincero, reformista, mordaz y genio.NAcido en en Dublín en julio de 1856, comenzó como novelista, pero las editoriales rechazaron su obra porque consideraban que no valía la pena, pero no perdió la compostura Bernard Shaw porque sabía que en ocasiones hay estúpidos en los peustos de mando.
Por eso dejó descansar la narrativa de ficción y pasó a ser crítco de música....
Su infancia la vivió en una pobreza extrema y bajo una formación protestante......
La mirada fija en aquellos edificios modernos que se encontraban frente a mis ojos, sus formas se alzaban como gigantes frente a la zona antigua de la ciudad. Dos tiempos en un mismo tiempo, velocidades distintas hacia un mismo horizonte.Mi imaginación trató de entrar e imaginar lo que sucedía tras los cristales que proyectaban la luz del sol con fuerza. Del otro lado, el rostro del casco antiguo en el que el tiempo transcurre más lentamente, las gentes caminan despacio hacia alguna de las cantinas para comer algún pescadito,las personas en la ciudad viven en tiempos distintos pero que conjugan la existencia de la ciudad.
La huída hacia los Mares del Sur de Porques, y su aparición en un descampado lleva a Carvalho a buscar en el Barrio San Margin los recuerdos de los habitantes del lugar. La huída hacia Los Mares del Sur terminan y empiezan en el mismo lugar, en la Barriada construída por los recuerdos. La última llamada para regresar a su hogar al que nunca pudo regresar, sus últimos momentos y por fin la aparición y el secreto de su último año de vida, su viaje a los Mares del Sur.
Comentario sobre: "Los Mares del Sur", de Francisco Montalban.
Baby Halder, con el relatode su vida, ha logrado conquistar a miles de lectores en India.
Una humilde sirvienta ha logrado colocar la historia de su vida en las listas de los libros más vendidos y se ha convertido en la voz de millones de mujeres que luchan para sobrevivir en la India.
La profesión de sistenta del hogar en la India está mejor descrita por la palabra " sirvienta", y suele estar a cargo de mujeres del mundo rural, con muy pocos recursos y, en su mayoría, analfabetas.
No es el caso de Baby Halder, a quien los pocos años que aistió a la escuela y el apoyo de su patrón, Praboch Kumar, le han permitido colocar su autobiografía en miles de estanterías del país.
Hoy retomo al hábito de escribir unas líneas en este cuaderno abierto sobre la pantalla de mi computadora. Esta breve ausencia, no ha sido motivada por la falta de noticias, o anécdotas para escribir, pero en ocasiones los silencios antecenden nuevos retornos. Para romper con la cotidianidad del hecho, tratamos de interrumpir los momentos comunes, y el retorno se convierte en una especie de grito de la propia existencia para poder continuar.
La travesía como camino sin destino que se abre en el día a día, y sobre el que caminamos sin saber ciertamente el rumbo de nuestro destino se convierte en el arguemnto de una novela de Javier Marías. " Travesía en el horizonte", y que en el fondo me ha traído otra vez a dar continuidad a estas líneas abiertas en un espacio cada vez más difuso, pero más cercano al lector que descubre esa vieja botella sobre la arena de la playa, y que en este caso puede ser un encuentro accidental en la pantalla de una computadora.
Las ninfas. Francisco Umbral
Hay que se sublime sin interrupción.
Baudelaire
Desde la habitación azul el autor nos describe el acontecer del tiempo, sus recuerdos. sus tiempos en el mercado, su amigo Agustín y los mundos que se distancian con el paso del tiempo. Desde la estación de tren, en la barra de aqul café. La barra blanca nevada sobre la que las que los días, el paso del tiempo crean nuevos personajes que sumergen al protagonista en un viaje hacia otra parte.
Hoy he visitado una exposición fotográfica sobre el Quijote, la relaciòn del autor con los territorios literarios es una de las cosas que más me ha lllamado la atención. Una forma de expresión que supera los límites impuestos por las disciplinas y que crea al mismo tiempo una nueva relación entre las letras y las imágenes.
Decía Julio Caro Baroja que " El viaje, desde la antigûedad, es el modelo y la métafora de la vida humana". Y don Quijote es ante todo un caballero andante que no duda en afirmar: " Advertid, hermano sancho, que esta aventura y las a ésta semejantes no son aventuras de ínsulas, sino de encrucijadas".
Tomando de guía al genial hidalgo y su escudero, el autor ha querido perderse por los mismos caminos por los que vagó la imaginación de Cervantes y qeu son ahora como entonces, los caminos interiores un tanto olvidados y definitivamente alejados del centro de poder.
Miradas en la ciudad
Cada mañana al partir hacía el trabajo caminaba por la ciudad tratando de imaginar hacía donde se dirigían las personas que a diario me encontraba en mi camino. Había tratado de hacer una selección de las personas que llegue a conocer en mis diarios caminares por aquella ciudad.
A la entrada del verano las mañanas eran luminosas, al despertar sentía la necesidad de salir al balcón para estirarme con los ojos cerrados y sentir el calor por las mañanas. Miraba mis plantas, que como incondicionales compañeras me recibían en aquel pequeño balcón cada mañana.
Después de un baño con agua fría, ya que mi pequeño apartamento carecía de ciertas comodidades que uno no se puede permitir ante determinadas circunstancias de la vida. Los azulejos amarillentos, me recordaban al baño de mi abuela María, donde de pequeño dejaba volar mi imaginación en mis batallas con los barcos que me rodeaban en la bañera.
Antes de salir corriendo de casa como de costumbre, tome un baso de leche fría, y al momento ya estaba correteando por la escalera, saludando a los primeros vecinos que me acompañaban en la aventura de hacer frente a un nuevo día en aquella gran ciudad.
Al cerrar la puerta con doble giro, dejaba atrás mi pequeño territorio de intimidad en el que trataba de recrear mis espacios. El ruido comenzaba a ser mi compañero en la ciudad, taxis, buses, se convertían con sus pitidos en los protagonistas de las primeras horas de la mañana.
Era difícil poder tomar un taxi, estaban ocupados o no se dirigían hacía la zona en la que tengo mi pequeño taller de relojería. Por cierto, el tiempo, los sonidos, siempre han sido mis compañeros. Aquella mañana me sentía triste, pero no acertaba a descubrir que es lo que motivaba mi estado anímico, seguí levantando el brazo para detener un taxi pero fue imposible. En ese preciso instante se detuvo en la parada de buses un pequeño bus, con matrícula de provincia que le delataba como un inusual de mis mañanas. Me acerque a la ventana del conductor y le pregunte hacía donde se dirigía, me dijo que se había perdido y que estaba tratando de orientarse en la ciudad. Yo le ofrecí mis servicios de guía y él accedió, a cambio le pedí que me acercará a la zona en la que tengo mi negocio.
De esta forma llegue a mi pequeño stand situado en la acera del barrio de Calidonia, comencé a desmontar las tablillas que sirven de protección al habitáculo y clasifique los relojes, así como todos los enseres que tengo para las reparaciones y recambios varios. En aquella acera estabamos situados distintos profesionales de la calle, a pesar de nuestra irregular situación hay que decir en nuestra defensa que la mayoría habíamos tenido en un pasado no muy lejano negocios en zonas céntricas de la ciudad, pero ante la crisis del país terminamos convirtiendo aquella calle en nuestro mejor escaparate para nuestros artículos. Todo era distinto, desde que nos mudamos, la gente correteaba entre nuestros negocios, nos saludaba efusivamente cada vez que pasaba, e incluso dependiendo del momento de la quincena en la que nos encontrábamos, nos convertíamos en ocasiones en nuestros mejores clientes entre nosotros mismos, siempre llegábamos a un acuerdo con tal de obtener el bien preciado y satisfacer a nuestro compañero de correrías.
En ocasiones uno se encontraba algún piedrero que había ocupado alguna de las tablas como colchón, siempre me preguntaba como podría llegado aquella persona a una situación así. Sentía una nostalgia, y un resquemor al pensar en la familia de aquella persona, y en su madre que en algún lugar de la ciudad estaría pensando donde podría estar su hijo, mientras ella removía el azúcar de su tazita de café que le habían regalado el día de su boda y que todavía cuidaba como una joya entre sus viejos cubiertos.
La soleada mañana que nos ocupa todo estaba en orden pude abrir mi pequeño stand y comenzar a ordenar la mercancía, en la primera línea del escaparate los relojes más llamativos, últimamente se habían apoderado de esta parte los relojes electrónicos que tenían buena salida entre los muchachos del barrio. Conseguir un reloj de estos se convertía en un status para su dueño, al pasar junto a las chicas pavoneaban de su joya y movían su muñeca al viento para que les preguntaran la hora.
Me hacía ilusión pensar en cuantos romances no habrán protagonizado mis relojes entre los jóvenes del barrio, pensar que entre las primeras caricias de aquellos adolescentes se encontraba mi protagonista me producía un sentimiento de añoranza de mis primero tiempos con las chicas del barrio, nuestras perdidas voluntarias en las tardes de cualquiera de las estaciones del año, el primer beso, las primeras caricias.
Mientras recordaba estas cosas, sonreía y esta vez nadie interrumpio mi actitud en ocasiones Luis, mi compañero de al lado me increpaba tratando de descubrir mis pensamientos. Pero hoy nadie lo hizo, en cierta medida uno extraña incluso las voces que en ocasiones le interrumpen en un buen pensamiento. En ese preciso instante, me acorde de que Luis no había llegado todavía.
Era extraño en el una persona muy metódica que hasta la fecha había abierto con puntualidad su stand, ciertamente su historia es curiosa. Él había llegado a ocupar un cargo importante en una multinacional del país, pero fruto de la globalización se vio en pocos meses en una situación bien diferente, su mujer le abandonó y ante la soledad penso en crear un pequeño negocio de batidos naturales. Hasta la fecha pudo vivir de su pequeño negocio, y como él decía con más dignidad que su anterior trabajo. Ahora se convirtió en uno más de nuestra empresa, en la que todos tratábamos de hacer frente al día a día.
Pregunte a la gente que solía llegar al negocio a tomar su batido antes de ir al trabajo pero nadie sabía nada, entonces telefonee a su casa pero nadie respondía. Pensé que estaría indispuesto, pero había algo extraño en aquella ausencia, además hay que decir que cada vez que alguno de nosotros no acudía alguna mañana era como un árbol al que de repente le han quitado una rama.
Los primeros clientes ya venían a cambiar la pila, la correa, o sino a preguntar si sabía algo de Luis, pero mi respuesta era que todavía no sabía nada. Aquella mañana el comentario de la calle, era la ausencia de Luis.
¿Qué le podía haber ocurrido? No pude comer tranquilo y cerré el stand, aquella jornada había sido más corta de lo habitual pero no podía estar sin saber nada de mi compañero. Seguía sin responder al teléfono.
Las calles parecían más largas, los taxis a aquellas resultaban tarea imposible, por lo que opte por llamar a un amigo que tenía turno con el taxi por aquella zona y le pedí el favor de que me viniera a buscar que se trataba de algo urgente. Llame a su celular y respondió enseguida, le comente algo de lo sucedido y apareció a los pocos minutos en su vehículo al que le faltaban algunas piezas y él había tratado de cambiar por otras que correspondía a otros vehículos de diferente marca pero que cumplían con las funciones asignadas.
No hablamos por el camino, yo le dije llévame a casa de Luis lo antes posible, por el camino trate de contarle algunas cosas pero dado mi estado nervioso justo entendió el mensaje. Ya que yo tartamudeaba sin parar, mientras tanto él aceleraba cada vez más, se salto un par de semáforos y en breve estabamos situados en la puerta de su casa.
Algo ocurría, la calle estaba en medio de un trajín de carros, comerciantes y abogados que corrían de un lado a otro ya que en las inmediaciones se encontraban las instalaciones de la migración y aquellas calles últimamente se habían convertido en un mar de gente con papeles, conversaciones de teléfonos móviles que contaban pormenorizadamente a las familias lejanas el estado de los papeles que estaban tramitando.
Pase entre aquellas gentes, subí las escaleras de casa de Luis, llame a la puerta pero nadie contestaba, entonces ya encolerizado le di una patada a la puerta. De repente salto por los aires el cerrojo que más bien se encontraba en sus últimos días. La puerta quedo entreabierta, empuje pero el silencio imperaba, de pronto salto a mis pies un gato color mostaza. Era su gato, él lo llamaba cariñosamente canelo. Un gato bonachón que recibía a su dueño todos los días tumbándose en el suelo, queriendo agradecer su presencia. Al verme quedo inmóvil, parecía nervioso.Le acaricie, y él comenzó a voltearse en mis pies, eramos viejos conocidos a raíz de las visitas que hacia a aquella casa.
Los muebles eran blancos en su mayoría, a excepción de la mesa en la que Luis solía escribir sus poesías en aquella casa que parecía una torre de babel, llena de recuerdos, de cuadros y de imágenes de sus viajes. En la vieja sala había un pequeño escritorio de bambú negro. No aprecie nada extraño en ella salvo algunas novelas abiertas, y algunos discos de música clásica. Abrí todas las puertas de la casa, pero allí no había nadie.
Todo giraba a mi alrededor, los recuerdos, las palabras, incluso al entrar a la cocina note que la vajilla se movió en un principio pensé que alguien había entrado en la casa, pero todo era mi imaginación.
Entonces realmente me preocupe, pense en lo peor, una desaparición de alguien tan estimado por mi, un compañero al que había tenido junto a mi en todo momento en aquellos difíciles años de repente había desaparecido. No podía entender nada, la confusión era tal que llame a su vecina, pero no sabía nada.
Que podía haber sucedido. Un hombre tan metódico y organizado no desaparece de la noche a la mañana. Comencé a revisar los papeles de su mesa negra, y sobre la misma había una carta cerrada, en cuya parte delantera estaba escrita mi nombre. Nunca he abierto una carta de nadie, ni siquiera las facturas que llegaban a mi casa de algún antiguo inquilino que ya no residía en el edificio, siempre pense que las cartas eran ese reducto de intimidad en el que el comunicador y abre un espacio privado para el destinatario de la misma.
Pero al ver mi nombre en la carta no pude sino abrirla, sin acertar a la primera por donde abrirla parecía un niño ante su regalo de Navidad, rompiendo por cualquier parte el sobre y tratando sobre todo de llegar al regalo aunque en este caso sería la búsqueda de alguna noticia referente a la desaparición de mi amigo.
Al abrir la carta, lo primero que me llamo la atención fue la letra, inclinada y entrecortada por haber sido escrita con un bolígrafo algo desgastado pero seguro que sería el único del que disponía.
Querido Juan:
Te escribo estas líneas antes de mi partida, soy consciente de que entre tu y yo siempre habrá una comunicación estemos donde estemos. Mis pertenencias son tuyas, sé que serás el primero en visitar la casa. Por favor, encárgate de Canelo.
No quería llamarte porque mi vida a cambiado de repente siempre quise contare algunas cosas pero nunca me atreví. Ya sabes, en ocasiones guardamos cosas en nuestro pensamiento que llevamos dentro como una losa, pero que en ocasiones se convierte en algo que nos pertenece.
Estos años he tratado de hacer frente a la situación, trabajando y olvidando mi pasado pero soy consciente de que somos lo que nos ocurrió en un pasado y que quizás el futuro estará condicionado por lo que fuimos.
Mi mejor adiós es un hasta siempre.
Aquella tarde fui al concierto programado en un pequeño teatro del casco histórico de la ciudad, fui en mi coche por aquellas estrechas calles, mientras los habitantes junto a los que pasaba trataban de descifrar el rostro de la persona que manejaba el coche...las calles se estrechaban cada vez más, hasta llegar al final.... un final que se convertía en el principio de mi viaje al concierto. Las luces invitaban a entrar en aquel antiguo teatro, en la puerta una señora vestida de blanco invitaba a los transeúntes a participar en aquel concierto. Cómo siempre me enteré por la prensa de aquel concierto, siempre trato de organizar mi tiempo al azar en ocasiones me sale bien ya que termino el día en un concierto de jazz…
La pequeña sala del teatro empezaba a llenarse, llegué temprano ya que me gusta ir viendo a las personas que van a asistir al concierto e imagino de donde vendrán y a donde irán después del concierto, es un juego… igual que cuando escribo en esta página, lo podría caber en un diario, lo podría no escribir… pero quizás tratar de escribir a diario (cuando me es posible), se está convirtiendo en una rutina necesaria para compartir esos instantes…el concierto empezó algo más tarde de lo previsto, pero las primeras notas nos hacen olvidar la espera, olvide la hora de entrada y a lo largo de todo el concierto la artista nos instruía sobre sus músicos favoritos, y nos adentraban en aquel caudal de música y voz…. Después de una hora y media salí del concierto y la noche me abrazo, bajo aquella luna y de nuevo regrese a mi pequeño hogar en aquella ciudad en la que las luces como hormigas en la noche reflejaban un mundo de mundos y de vidas……
Estos días he terminado de leer " La Ffiesta del Chivo ", de Vargas Llosa, libro de memoria y recuerdo en el regreso de una exiliada que revive sus recuerdos. Memorias, encunetros e historia de unos cambios de un país, en definitiva de la propia historia.
" Aunque hablo del Meridiano como uno solo, no es así, pues son muchos; porque todos los hombres o navíos tienen distintos meridianos, cada uno el suyo particular".
Manuel Pimentel. Arte de Navegar.
LA búsqueda del tesoro, del navio hundido hace 4 siglos se convierte en el hilo argumental del libro.Los personajes actuales, nos retrotraen a épocas pasadas pero la historia ocurre con personajes de actualidad. La intriga, el misterio, y la búsqueda del meridiano nos mantiene en un vilo. El final no es un punto sino que nos demuestra la existencia de más de un meridiano aunque estemos en el mismo punto. La existencia de más de un punto de referencia nos permite hubicarnos en cada instante en un punto en función de nuestra forma de mirar la referencia. Estos son algunos misterios de la " Carta esférica". Arturo Peréz Reverte, una interesante historia sobre la búsqueda de un tesoro escondido en el mar, gracias al meridiano secreto.
LA CASONA
Aquella mañana recibí un E-mail entre tantos que uno recibe, spam, noticias, amigos, trabajo, pero este era distinto era una invitación para conocer un lugar y de ese modo aprovechar la ocasión para ver una película ( que entre otras cosas recomiendo), su título LA ESPALDA DEL MUNDO. Oscurecía sobre las 7 de la tarde cuando me dispuse a adentrarme en las calles del casco antiguo de la ciudad, las calles estrechas abrían a su vez un nuevo panorama, me trasladaba a tiempos de la Colonia. Cerca de la plaza Herrera en una de las calles aledañas se veían unas luces que salían de un portal, amplio enrejado, me pare frente a la puerta y pude ver tras las rejas unos cuadros, unas esculturas, y de fondo el ruido de unas sillas y voces. Llegué al punto en el que me citaba aquél mensaje a las 19:30 en la Casona. Mi llegada algo antes de la hora, me permitió recorrer la muestra de pintores y artistas noveles de la Escuela de pintura de la ciudad, me adentre a leer las notas, a tratar de mirar más allá de los colores y las formas que invitaban a perder la mirada. Recuerdo una de las citas que estaba anotada en bajo una de las pinturas. " Lee, todos los días, algo que nadie más este leyendo. Piensa, todos los días, algo que nadie más este pensando. Haz, todos los días, algo que nadie más haría. Es malo para la mente ser continuamente parte de la unanimidad". Chistopher Morley (1890-1957).
Entre en aquel lugar y pude recorrer cada una de las secciones. Al pasar la puerta del fondo me traslade a una especie de patio que me recordaba a Sevilla, solo que este era más húmedo, pero las velas, y la música creaban un espacio de tranquilidad y la luz tenue de la hizo por un momento que me trasladara a otra época, otro momento.
El otro día escribi unas líneas mientras miraba desde la ventana tratando de descifrar las figuras que apreciaba desde el cristal. No podía descifrar aquel juego de siluetas, entonces se me ocurrió poder imaginar el rumbo de aquellas personas. Cada uno seguía su ruta, las personas con indeterminación llevaban un ritmo lento, pausado con la esperanza de encontrarse con alguién conocido que pudiera hacer de aquel día algo especial. Entre aquellas siluetas había otras que se apreseuraban hacia un destino concreto, quizás una cita, al trabajo.
Hubiera sido más difícil descifrar el destino concreto de la gente. Quizás lo intente en otra ocasión, pero esta vez me quedaré en el primere punto. Los pasos nos ayudan a saber en ocasiones hacia donde nos dirigimos, otras veces nos resistimos a llegar al punto, al lugar, a ese espacio que nos toca ocupar y al que nos resisitimos a llegar. Sentimiento, o sensación tan propia en los momentos en los que somos conscientes del transcurso del tiempo.
El tic-tac que nos impone el ritmo cotidiano como el camino por abismo sin mirar a las esquinas para no darnos cuenta del abismo, o los abismos entre los que caminamos.
Hoy a raíz de haber terminado el libro de estos días h estado revisando algunos apuntes sobre Paul Gauguin en internet y me ha parecido más interesante poder colgar algunas imágenes y comentar algunos datos de su vid.
Paul Gauguin nació en París, pero vivió sus primeros seis años en Perú -de 1849 a 1854-, pues su madre, viuda, estaba emparentada con una importante familia limeña de origen español.
El pintor jamás olvidaría la infancia pasada en el lujoso palacio de Lima, y poco antes de morir hablaba con frecuencia de ir a España, la cuna de sus antepasados.
UNA VOCACION TARDÍA
El deseo de conocer otras tierras fue en él una constante. En su juventud recorrió el
mundo como piloto de un mercante, aunque luego terminaría asentándose como próspero agente de cambio y bolsa en París, casado con una danesa y padre de cinco hijos.
Aficionado al arte y coleccionista (poseía obras de Manet, Cézanne, etc.), la pintura se fue convirtiendo cada vez más en su pasión central. Discípulo del pintor impresionista Camille Pissarro, Gauguin fue invitado a participar en las exposiciones del grupo a principios de 1879. En 1883, con 35 años, dejó definitivamente su profesión para dedicarse de lleno a la pintura: el resto de su vida será un continuo abandono de familia, patria, amigos, comodidades y de todo aquello que no fuese su gran obsesión.
La penuria económica le hizo abandonar París en 1886 y márcharse a Pont-Aven, un pueblecito de la Bretaña francesa muy frecuentado por artistas nacionales y foráneos que iban en busca de pintores. Allí conoció a Emile Bemard, un joven pintor que habría de convertirse en el interlocutor idóneo de sus reflexiones artísticas.
"Gauguin y Bernard hablan ahora de pintar como niños", escribió Van Gogh a su hermano. Sin embargo, ese intento de pintar como niños tenía poco de ingenuo. Gauguin y su amigo estaban muy lejos del primitivismo conmovedor del Aduanero Rousseau.
Estos días no he podido escribir en el blog, aunque ayer por circunscias extrañas perdi lo escrito. Quizás sea mejor así, pero bueno son cosas que pasan, para lo bueno y lo malo. La verdad es que estos días he estado leyendo " El paraíso en la otra esquina". Mario Vargas Llosa. lo seleccione por casualidad en la biliboteca pero me elgro de haberlo leído estos días, es una buena mezcla de personajes distantes en el tiempo pero que llegan a un punto común en el tiempo ya entremezclar esa especie de superación de las limitaciones del entorno social que en ocasiones límita la propia forma de actuar de las personas.
Os recomiendo su lectura....
"Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual, nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor". Del tango Cambalache (1935), de Enrique Santos Discépolo En ocasiones uno tiende a pensar que todo es lo mismo, aunque en el instante en el que puede detenerse a valorar esa sospecha enseguida vuelve a su despertar. Abre los ojos, y sonríe como si esa fuera la forma de redimir esa especie de contrariedad. En ese instante, lo mejor suele ser escuchar música o encender aleatoriamente la radio, mover el dial si la radio es manual, generalmente como la que nos acompaña en la cocina a primeras horas de la mañana mientras se calienta el café, o sino pulsamos el botín de la digital que en el mejor de los casos se nos quedo encendida la noche anterior pero todavía conserva algo de bateria y comienza a sonar un tango que me lleva a pensar que en cierta medida mi pensamiento no ha sido tan despropocionado y coincide con el tema de la canción que suena en estos momentos en mi vieja radio que me acompaña a todas partes.....se me olvidaba que la cafetera estaba en el hornillo y el café ya esta listo....
Hoy parece ser que hasta el ordenador se ha solidarizado con el mensaje y ha borrado el contenido del mismo. Una especie de acabar con el personaje pero en este caso acabar con el mensaje. Trataré de reescribir lo que había escrito, siempre es mejor poder volver a escribir lo escrito y en el caso de alguién al que le gusta jugar con las palabras esto se convierte en una vuelta al juego. Decía antes, aunque nadie haya podido leerlo que estos días he releído un libro interesante con el que uno en cosaiones se identifica sobre todo en esos momentos de cambio, o en los que te encuentras más solo que la una mientras tu entorno inmediato trata de arrastrarte a unas aguas de tranquilidad. Creo que es mejor navegar por mares más inquietos en los que la recompensa pueda ser una llegada a un puerto un atardecer de verano.
Antes de dejar caminar mi imaginación por alguna aventura de piratas, que reconozco me gustaría vivir aunque sea en estos tiempos de ordenadores, emails, sms y y realidades virtuales. Me gustaría recomendar el libro de Angel Rodicio," Acabar con el personaje", un libro que te identifica sobre todo en la agonía de una persona ante una situación de injusticia y olvido y sobre todo alimenta esa especie de sentimiento de exiliado que uno siente en su propia tierra.
Saludos y os recomiendo el libro....
Esa palabra a la que en ocasiones no prestamos atención,pero que en ocasiones se convierte en un espacio tiempo de espera en el que las menecillas del reloj nos indican su paso. Los días, las horas y los años transcurren pero no sabemos el momento en que no transcurrirán más para nosotros. La espera del momento que nunca llega pero al que nos aferramos cuando estamos ante la necesidad de que llegue. Hoy he escrito estas líneas sobre el tiempo a raíz de uno de los capítulos del libro de Gabriel García Márquez. Sobre todo por la forma en que conecta al lector con la espera de los personajes, con ese medicamento que nueca llega pero en el que todos los personajes esperan, y sobre el que giran las historias que transcurren al mismo tiempo.
En ese contexto los minutos y las horas se convierten en protagonistas de la historia, el lector da importancia a los momentos vividos y se fija más en el movimiento de las manecillas del reloj....
Película del Director Irani Majid Majidi, en la que se refleja la situación de explotación laboral en la que están inmersos los refugiados de Afganistán. El amor es el hilo conductor de un filme recomendado para todos, sobre todo para mirar en ese espejo de la realidad y a la que no hay que dar la espalda. Allí donde estemos. Este sábado he escrito dos veces en el blog, algo inusual, no por falta de ideas que escribir, cada vez me encuentro más acostumbrado a escribir en este espacio- tiempo al que hacía referencia en mis primeras notas. También agradezco a aquellos que de vez en cuando dedican su tiempo a leer estas notas. Ahora me temaré un cafecito, nunca mejor dicho en este pequeño café literario.
Saludos
Hoy sábado he visitado el parque Omar en el centro de la ciudad. Después de un desayuno tranquilo, tras una semana cagada de prisas, entrevistas, visitas y demás no hay como escapar a la rutina diaria con un poco de tranquilidad.
Esta mañana he estado paseando por el Parque Omar en el centro de la ciudad, la gente paseaba y algunos hacían deporte. Yo he podido conseguir una novela de Gabriel García Márquez. "Cuando era feliz e indocumentado". Me ha llamado la atención el título y esta semana espero poder disfrutar de su lectura. Ya os contaré como me ha ido...
En este pequeño café no podía dejar escapar la oportunidad para hacer mención a una noticia sobre la cafetería más antigua del mundo. Vestigios de cocinas públicas que datan de hace más de 3 mil 200 años, se encontraron en la ciudad monumental egipcia de Luxor, a unos 720 kilómetros al sur de El Cairo, junto al Rameseum, templo funerario dedicado al faraón Ramsés II ( 1.304-1.237 a.C). " En esas cocinas se preparaban platos compuestos de legumbres, pan y carne para los trabajadores de las tumbas faraónicas".
Asimismo, en el lugar se hallaron los vestigios de una escuela para los hijos de esos obreros, una carnicería y enormes almacenes de legumbres.
Curiosidades....
Los regresos pueden ser de dos maneras, regreso físico a un espacio que ocupabamos anterioemente, nuestro espacio de referencia que esta vínculado a cada una de nuestras etapas en la vida. En la infancia nuestros espacios se reducen generalmente al hogar a nuestro juego de canicas en aquel estrecho pasillo en el que nuestro mundo se limitaba a las líneas trazadas por nuestra imaginación. Los límites los imponía nuestra imaginación, ahora en cambio a pesar de que nuestros movimientos puedan darse a miles de kilometros de nuestro espacio natural siempre volvemos al recuerdo temporal. Este regreso temporal, es otro tipo de recuerdo al que regresamos, espacios que no ocupamos pero que se han convertido en espacios que nos acompañan y al que regresamos cotidianamente.....
Le dedicaré unas líneas a uno de los utiles que acompañana a uno desde su infancia. Esta mañana he recordado al lápiz, ese compañero de mil fatigas tan mal tratado y que aguanta nuestros mordiscos, arañazos e incluso algún vuelo que le propinamos en ocasiones cuando las cosas no van bien, o quizás van mejor de lo que pensamos. Recuerdo uno que tuve en mis primeros días de colegio, termino chiquito, mordido, sin punta, pero todavía lo conservo de recuerdo. Quizás para recordar otros tiempo, momentos o épocas pasadas que no volveran a repetirse pero que en ese lapiz se mantienen mediante las huellas que el tiempo, o mejor dicho mis malas costumbres pudieran dejar sobre él. Ahora junto a mi tengo tres lapices sobre la mesa, cada uno con una tipología distinta, color, unos con goma y otros sin goma. Son tres a pesar de que necesito realmente uno, pero en cada momento selecciono uno, en función del grosor de la punta. Sin más hoy quería dedicarle unas líneas al lápiz...
Hoy comienzo la semana con algunas ideas sobre la escritura, poco a poco estoy tratando de escribir diariamente algunas ideas en este espacio, quizás sin un objetivo determinado. Cada vez más, se convierte en un cuaderno que me acompaña pero a diferencia de estar escrito en papel, me acompaña en cualquier computadora a la que tengo acceso allí por donde viajo. Estos días estoy recuperando el hábito de escribir en este cuaderno que me acompaña allí por donde voy....
Como nadie puede pensar sin palabras, es obvio que el manejo de ellas será un reflejo inequívoco de la complejidad o simplicidad de nuestro pensamiento.
Hoy comienzo estas líneas recordadno a Alejandra Pizarnik, poetisa que nació el 29 de abril de 1936. Abrió los ojos en Buenos Aires y los cerr´para siempre, cuando voluntariemnte, tomó una sobredosis de seconal.
Pizarnik hablaba de palabras que no bastan para sanar las flores marchitas, de heridas filosas que desgarraban el alma y de lobos que olían el terror de vivir. La poesía en ella no era una jaula sino el principio del abismo, una noche eterna, undía sin demasiado sol. Era una centinela que avisaba cuando venía una tormenta, una náufraga sin demasiadas ganas de ser salvada.
Ayer pude leer en la prensa un artículo sobre Mario Benedetti, hacía un breve resumen de sus múltiples obras. En esta ocasión me recordo la posibilidad de vivir en dos mundos, varias ciudades en las que los personajes se sumergen al mismo tiempo en un tiempo- espacio diferenciado. Pero a continuación me detengo a pensar y a observar diariamente que quizás los personajes y los entornos pueden ser diferentes pero las obras, los lugares y las acciones nos terminan por llevar al mismo sitio. A encontrarnos con nosotros mismos, sea donde sea y bajo un cielo que aunque se pueda presentar distinto nos acompaña allí donde estemos.
A media tarde mi mirada se perdía por el cristal, las tardes del viernes me recordaban mis tiempos de instituto. La salida de las clases,los regresos a casa sin prisas y los cafés a media tarde en los que se hacía de noche y nuestras conversaciones continuaba sin fin. El tiempo siempre ha estado relacionado con un color, los viernes a la tarde las cosas se mueven más lentamente y los coleres se difuminan en el tiempo, en el olvido como si fuera un punto y aparte de lo vivido diariamente. Seguiré en mi trabajo, este viernes a la tarde, recordando el tiempo y los colores.
Salí del trabajo aquel lunes, primero del mes... la alegría de la salida del trabajo, mis pasos firmes reflejaban la confianza en la monotonía del paseo diario. Levante la mano, el taxi negro que pasaba junto a mi se paro. Le dije la dirección y nos adentramos en aquel vehículo en el mundanal ruido, el humo y las llamadas de los buses a base de pitidos y llamadas. Al pasar junto a la universidad, los universitarios que esperaban en el bus miraban los coches como esperando que alguno se detuviera para llevarlos a casa. Nosotros seguiamos con nuestra marcha, al llegar a la dirección indicada el taxi se paro, meti la mano en mi bolsillo derecho y le di al taxista el dinero.
Al bajar de nuevo mis pasos se dirigían hacia mi apartamento, aquel pequeño refugio en el que mis noches se convertían en un escenario de sueños, lecturas y esperas a respuestas que pronto se resolveran.......
Comienza el proceso de toda tragedia: al principio niegan que se trate de una epidemia, ni siquiera pueden nombrarla. Pero ante evidencias innegables tienen que actuar. La peste existe, así se llama, y es ahora " asunto de todos". Prisioneros en una ciudad moribunda, quedan condenados a vivir de recuerdos. Y cuando se pierde la esperanza,llega la última etapa: aflora el corazón humano en toda su dimensión. Y allí está la grandeza de la obra.
Hay que leerla. Aun si sólo fuera por el maravilloso estudio del interior del hombre, ver transformarse el miedo en solidaridad, el natural egoísmo en elegir la prioridad del prójimo... O por presenciar el deterioro hasta de lo sagrado: al inicio los cadáveres eran enterrados, luego proliferaron y los cremaban directamente. A cada situación Camus le saca filo. Es irónico el principio de la esperanza: al final de ese año aparecen ratas vivas, la salud de los repugnantes roedores es señal de que la peste llega asu fin y Orán renace agradecida de la vida de sus ratas. Ah, el azar no discrimina, justo entonces ocurre una muerte absurda. He allí el honor de vivir: Y esta crónica sobre una plaga, más que la crónica de una tragedia, es de la de la vida misma. Porque los inocentes habitantes de Orán, y todos los del mundo entero, no sanben lo que nosotros sí: "... el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás", y que " No es una cuestión de vocabulario, sino de tiempo"....
Washington Benavides
Nació en Tacuarembó, Uruaguay, en 1930. Por el año 1950, publicó en la revista Asir algunos de sus primeros poemas. En 1954 publica su primer libro: Tata Vizcacha. Luego vendrían El Poeta ( 1959), Las Milongas (1966) y Los Sueños de la Razón (1968).
Anda un amigo en medio de la
noche.
Han cerrado los bares.
Las persíanas
de acero bajaron con estrépito.
Los gatos
deslizan apetitos. Anda la luna
por ahí, velada. Pasan coches y
luces;
sobreviene, después, un silencio
que mueve la plantita en la
cornisa;
silencio que hace un chambelán
de un grillo- del canto de ese
grillo-.
Anda un amigo y en medio de la
noche.
No lo conozco. Y él no me conoce.
Andamos cerca o lejos, nos cruzamos
-acaso- en una calle. compartimos
un ómnibus, un cine, un banco de
una plaza.
Anda un amigo y ando yo que soy
amigo de ese hombre. En órbitas
distintas
_ nunca ajenas-. Pero
vamos a hallarnos.
En medio de la noche con
la aurora
de rosados dedos, vamos a
hallarnos.
Y tenemos que estar preparados a
ese encuentro.
Por ahora, susurra el viento oscuro,
graznan letreros viejos y el grillo
mete lima.
Ya no pasan los cohes. Pasan
restos de diarios
y un cartel liberado zapateando
en el polvo.
Estoy seguro.
Nos encontraremos.
La ciudad colonial de Granada fue el punto de encuntro para más de 30 poetas latinoamericanos entre ellos los panameños Consuelo Tomás, Javier Alvarado y David Robinson.
El Segundo Festival de Poesía de Granada ( Nicaragua), reunió a más de 30 bardos de América Latina. Esta versión, realizada del 6 al 13 de febrero, se hizo en honor a José Coronel Urtecho, con ocasión del centenario de su nacimiento.
En una declaraciópn conjunta, los participantes proclamaron que " la posesía es un espacio de encuentro, diálogo y pazm, desde el cual decimos no a las guerras, a la pobreza, a la opresión, la miseria y el hambre, no a quien oprime somete, no a la tortura. No a las dictaduras".
También indica el documento el apoyo de los poetas " a la paz, la vida, la solidaridad, la diversidad, el libre albedrío y el bienestar de los pueblos, sí a los derechos humanos y al respeto de los pueblos originarios de América".
Entre sus planes está la creación de una red poética de comunicación, mediante la cual puedan dialogar e intercambiar obras y opiniones.
Estos días en los que el transcurrir del tiempo ha sido más lento, las agujas del reloj resuenan en mi cabeza. Al mirar por la ventana veo a la gente caminar por las calles, todos hacía un destino concreto, la novi@, el trabajo, los amigos. La lluvia hace incrementar el ritmo de los caminantes, y mi mirada se queda prendida de esos seres que caminan hacía un lugar, mientras yo detras de la cortina trato de imaginarme donde están sus destinos.....
23 de Septiembre 2005 Panamá
Esta tarde después de almorzar, entramos en la capital por el puente del centenario, los diablos rojos con sus movimientos nos abrazaban y entre ellos nuestro carro circulaba. El atardecer de la ciudad, el paso por el canal y sus gentes, nos hacen mirar de otra forma la entrada en la ciudad. Al salair del hotel he cruzado un callejón oscuro en el que unos gatos jugueteaban y me han recordado los espejos concavos y convexos de Valle.
Panama 16 de Septiembre de 2005
Ayer a la tarde llego a mi oficina un paquete, al tocarlo pude notar una forma geométrica que me llevo a pensar en ese instante en el contenido del mismo. Pero antes de eso, gire el paquete y vi su remitente, desde la distancia uno siempre trata de ubicar a las personas en sus recuerdos. Asocie enseguida por la forma del paquete a la persona que lo envió, y en este caso las coincidencias llegan al extremo que la protagonista del envío, y la protagonista de lo enviado comparten profesión.
La impaciencia hizo que me saltara el protocolo de respetar las líneas para abrir el embalaje y tratara por todos los medios de descubrir el contenido del mismo. En efecto, se trataba de un libro, mayor fue mi alegría al comprobar que era una de esas voces que uno ha seguido durante años para tratar de aprender lo que sucedía en Oriente Medio. Y que en ocasiones trato de viajar en medio de unas imágenes y palabras a lugares remotos pero que en el fondo formaban parte de esas realidades físicamente lejanas, pero a la vez próximas, como la gente que transita por las calles de la ciudad en la que uno habita.
No voy a desvelar el título del libro, y prefiero contar en los próximos días algunas ideas sobre el mismo, para de este modo volvernos a encontrar en este territorio de palabras.
Gracias a quién hizo llegar a mis manos ese libro
(Siempre presente).
Santiago de Veraguas
En la terminal de las Lajas,mientras comía arroz, lentejas, y empanada. Junto a mi pude ver el cortijo de aquella pareja ínigena. Con la mirada fija, cuando saboreaban su refresco aspirando con el carrizo,aquellas miradas se fundían en una sola.
Miradas fijas y movimientos que acariciaban el refresco como si se tratará de sus rostros, mientras sonaba un corrido. Las camionetas cargaban ganado, la gente acudía a la cantina esperando que la vendedora de boletos regresara de su almuerzo.
La vendedora esperaba junto a su bolso, aquella hora en la que podía degustar un rico almuerzo y dejar de lado los teléfonos y los billetes. Se encontró con José, un hombre alto, con su gorro típico Panameño que venía a hacer unos mandados a la estación. Lllevaba en sus manos un pañuelo rojo, con el que se secaba el sudor de su frente. Se despidieron con una mirada y un adios.
En la esquina continuaban el cortejo, cada vez con menos palabras. Mientras cada uno miraba a lugares distitnos, a pesar de que sus miradas mantenían un hilo de unión en aquel pequeño espacio.
Jely correteaba de lado a lado, recorriendo aquel pequeño espacio entre las mesas, siendo este su pequeño campo de acción. Vestida con un chol azul, con dos coletas graciosas que hacia de su carita unpequeño molino sonriente. Tocaba sus bolsillos, en busca de algo, quizás podría ser un juguete, o unos centavos para comprar un refresco de cola, con el que poder refrescarse mientras esperaban el regreso de la vendedora de billetes.
Santiago de Veraguas 14 de Septiembre de 2005.Panama
LA TULIVIEJA
Aquella noche Luis salió de su casa sobre las 5 de la mañana tenía todavía varias horas de camino hacía David, donde se celebraba una reunión importante para su despacho de abogados.
Había arrancado su coche sin prisa, el motor del vehículo tardo en arrancar pero para la segunda intentona ya estaba invitando a que Luis metiera la primera y marchara a su destino. Las luces del coche abrían una luz que se convertía en una cortina de claridad para avanzar en la penumbra de la noche.
De vez en cuando, había que hacer algún movimiento brusco ya que los perros para aprovechar el calor del asfalto dormían en la mitad de la carretera sin saber que aquella podía ser su última noche.
Las carreteras por los alrededores de la ciudad eran estrechas, y en algunas partes el asfalto había pasado a la historia, y ahora la grabilla y las piedras cubrían la carretera. A medida que se acercaba al centro de la ciudad las calles se hacían más anchas, y en algunos comercios había luces que indicaban cierto movimiento en su interior.
Los taxis eran en aquellas horas los vehículos que se adueñaban de las calles, y transportaban a las personas a sus lugares de destino, en ocasiones destinos de dobles vidas ocultas, o inexistentes.
Mientras Luis cruzaba aquellas calles vio una mujer morena, con el pelo largo y una falda corta que dejaba al aire unas piernas largas de sirena. No pudo dejar de reducir la velocidad, pero en ese mismo instante se dio cuenta que aquella maravilla había desaparecido en el instante en que se fijo en ella.
Continuó la marcha sin detenerse pero sin poder dejar de pensar en ella, miro por el retrovisor de la derecha, de la izquierda y por el frontal, pero no pudo volver a verla. Acelero instintivamente, como sino quisiera hacerlo, queriendo imaginar el rostro de la mujer, pero en ocasiones ocurre que un rostro tan lindo no puede volver a recordarse a pesar de que lo intentemos.
Después de 2 horas de viaje, decidió detenerse en una cafetería a pie de carretera para poder tomar un café negro con mucho azúcar como le gustaba, todavía continuaba con su mente absorbida por el recuerdo de aquella mujer. Tomo el café rápido, y se dirigió a la reunión, aquella mañana se mostró distraído, incluso su compañero José le comento si tenía algún problema, pero Luis le dijo que tenía un pequeño dolor de cabeza.
Tenía ganas de salir de aquella monótona reunión de pleitos, y llegar al hotel para descansar o por lo menos tumbarse en la cama y recordar a la chica que había visto esta mañana en la ciudad. Al terminar la reunión se despidió, pidiendo disculpas por no poder quedarse a la comida de trabajo ya que no se sentía muy bien.
Al salir del edificio, y antes de tomar un taxi, saco algunas monedas de su bolsillo y llamo a su mujer para preguntarle como estaba y saber de su hijo que había nacido hace algunos meses. Siempre le llamaba, para saber de ella y de su hijo, sentía la necesidad de comunicarse con ella, para sentir su cercanía cuando se encontraba distante de su hogar.
Al colgar el auricular, se giro bruscamente, y paro el primer taxi que pasaba por la calle. Le dijo el nombre de hotel al taxista y allí se dirigió, esta vez no hablo como de costumbre con el taxista del tiempo, de las mujeres, o de la última corruptela del gobierno.
Al llegar le dio una razonable propina, entro en el hotel, ya le tenían reservada su habitación en la planta baja, allí las habitaciones eran más espaciosas y siempre reservaba la habitación la víspera del desplazamiento. Al entrar en la habitación cerro la puerta y hecho el cerrojo.
Quería estar sólo para poder recordar, pero era consciente de que no identificaba una imagen nítida de la muchacha. Se tumbo en la cama, y fijo su mirada en el techo, en ese instante recordó la historia que le contó su abuelo hace algunos años.
Su abuelo solía contarle historias, y muchas veces no era consciente de cuales podían llegar a ser veraces, pero para un niño las historias de su abuelo siempre son verdaderas. En una ocasión escucho que había sucedido un accidente en el centro de la ciudad, cuando escucho la noticia en la radio, estaba con su abuelo en la cocina, y recuerda como dijo la tulivieja. En aquel entonces no comprendió el significado de aquella palabra, y como todo niño ante su afán de saberlo todo le pregunto a su abuelo sobre el significado de la palabra.
El abuelo puso un tono grabe y le contó la historia de una mujer que había abandonado a su hijo en las calles de la ciudad, no se sabe bien el motivo pero el hecho fue que el niño nunca volvió a aparecer. Desde entonces se comenta que la mujer vaga por las calles de Santiago, y se aparece en los coches que pasan por el centro de la ciudad diciendo que esta buscando a su hijo, para cuando el conductor mira por el retrovisor la mujer desaparece.
Antes de dormirse, estiró el brazo y volvió a llamar a su casa para saber de su familia, no podía estar sin saber de ellos. Hablo un largo rato con su esposa, y pudo escuchar el llanto de su hijo, se despidió con cariño y colgó el teléfono. Apago la luz, y se durmió recordando la historia que le había contado su abuelo y tratando de recordar el rostro de aquella bella dama de la noche……………….
Yon Millán Albistegi (13 de Septiembre de 2005). Santiago de Veraguas. Panamá.
Hoy empieza a caminar este espacio en el que trataré de estar en contacto con todas aquellas personas que se animen a caminar en esta aventura.En principio te invito a caminar, sin rumbo sólo el que las palabras y el tiempo puedan abrirnos. Enviaré algunos documentos gráficos para que podaís visualizar algunos de los lugares en los que se materializan estas líneas, y sobre todo espero que este breve espacio se convierta en un espacio para los sin espacio.
Viaje literario
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