La Tulivieja
LA TULIVIEJA
Aquella noche Luis salió de su casa sobre las 5 de la mañana tenía todavía varias horas de camino hacía David, donde se celebraba una reunión importante para su despacho de abogados.
Había arrancado su coche sin prisa, el motor del vehículo tardo en arrancar pero para la segunda intentona ya estaba invitando a que Luis metiera la primera y marchara a su destino. Las luces del coche abrían una luz que se convertía en una cortina de claridad para avanzar en la penumbra de la noche.
De vez en cuando, había que hacer algún movimiento brusco ya que los perros para aprovechar el calor del asfalto dormían en la mitad de la carretera sin saber que aquella podía ser su última noche.
Las carreteras por los alrededores de la ciudad eran estrechas, y en algunas partes el asfalto había pasado a la historia, y ahora la grabilla y las piedras cubrían la carretera. A medida que se acercaba al centro de la ciudad las calles se hacían más anchas, y en algunos comercios había luces que indicaban cierto movimiento en su interior.
Los taxis eran en aquellas horas los vehículos que se adueñaban de las calles, y transportaban a las personas a sus lugares de destino, en ocasiones destinos de dobles vidas ocultas, o inexistentes.
Mientras Luis cruzaba aquellas calles vio una mujer morena, con el pelo largo y una falda corta que dejaba al aire unas piernas largas de sirena. No pudo dejar de reducir la velocidad, pero en ese mismo instante se dio cuenta que aquella maravilla había desaparecido en el instante en que se fijo en ella.
Continuó la marcha sin detenerse pero sin poder dejar de pensar en ella, miro por el retrovisor de la derecha, de la izquierda y por el frontal, pero no pudo volver a verla. Acelero instintivamente, como sino quisiera hacerlo, queriendo imaginar el rostro de la mujer, pero en ocasiones ocurre que un rostro tan lindo no puede volver a recordarse a pesar de que lo intentemos.
Después de 2 horas de viaje, decidió detenerse en una cafetería a pie de carretera para poder tomar un café negro con mucho azúcar como le gustaba, todavía continuaba con su mente absorbida por el recuerdo de aquella mujer. Tomo el café rápido, y se dirigió a la reunión, aquella mañana se mostró distraído, incluso su compañero José le comento si tenía algún problema, pero Luis le dijo que tenía un pequeño dolor de cabeza.
Tenía ganas de salir de aquella monótona reunión de pleitos, y llegar al hotel para descansar o por lo menos tumbarse en la cama y recordar a la chica que había visto esta mañana en la ciudad. Al terminar la reunión se despidió, pidiendo disculpas por no poder quedarse a la comida de trabajo ya que no se sentía muy bien.
Al salir del edificio, y antes de tomar un taxi, saco algunas monedas de su bolsillo y llamo a su mujer para preguntarle como estaba y saber de su hijo que había nacido hace algunos meses. Siempre le llamaba, para saber de ella y de su hijo, sentía la necesidad de comunicarse con ella, para sentir su cercanía cuando se encontraba distante de su hogar.
Al colgar el auricular, se giro bruscamente, y paro el primer taxi que pasaba por la calle. Le dijo el nombre de hotel al taxista y allí se dirigió, esta vez no hablo como de costumbre con el taxista del tiempo, de las mujeres, o de la última corruptela del gobierno.
Al llegar le dio una razonable propina, entro en el hotel, ya le tenían reservada su habitación en la planta baja, allí las habitaciones eran más espaciosas y siempre reservaba la habitación la víspera del desplazamiento. Al entrar en la habitación cerro la puerta y hecho el cerrojo.
Quería estar sólo para poder recordar, pero era consciente de que no identificaba una imagen nítida de la muchacha. Se tumbo en la cama, y fijo su mirada en el techo, en ese instante recordó la historia que le contó su abuelo hace algunos años.
Su abuelo solía contarle historias, y muchas veces no era consciente de cuales podían llegar a ser veraces, pero para un niño las historias de su abuelo siempre son verdaderas. En una ocasión escucho que había sucedido un accidente en el centro de la ciudad, cuando escucho la noticia en la radio, estaba con su abuelo en la cocina, y recuerda como dijo la tulivieja. En aquel entonces no comprendió el significado de aquella palabra, y como todo niño ante su afán de saberlo todo le pregunto a su abuelo sobre el significado de la palabra.
El abuelo puso un tono grabe y le contó la historia de una mujer que había abandonado a su hijo en las calles de la ciudad, no se sabe bien el motivo pero el hecho fue que el niño nunca volvió a aparecer. Desde entonces se comenta que la mujer vaga por las calles de Santiago, y se aparece en los coches que pasan por el centro de la ciudad diciendo que esta buscando a su hijo, para cuando el conductor mira por el retrovisor la mujer desaparece.
Antes de dormirse, estiró el brazo y volvió a llamar a su casa para saber de su familia, no podía estar sin saber de ellos. Hablo un largo rato con su esposa, y pudo escuchar el llanto de su hijo, se despidió con cariño y colgó el teléfono. Apago la luz, y se durmió recordando la historia que le había contado su abuelo y tratando de recordar el rostro de aquella bella dama de la noche……………….
Yon Millán Albistegi (13 de Septiembre de 2005). Santiago de Veraguas. Panamá.